EL FRANCOTIRADOR
06 Mayo 2926
Óscar Jiménez Núñez

En esta ocasión, quienes se preparan en Tamaulipas para competir no son atletas, sino alebrijes.
Sí, esas criaturas fantásticas que parecen salidas de un sueño colorido y que ahora tendrán un toque muy tamaulipeco gracias a los CEDES de Matamoros y Altamira, que participan en una convocatoria nacional para elaborar alebrijes mundialistas.
La idea suena muy original como irresistible.
Fusionar el espíritu del futbol con la tradición artesanal mexicana, es de entrada muy atractiva la idea.

Y ahí están las personas privadas de la libertad, pincel en mano, convirtiendo cartón, papel y pintura en criaturas que podrían rugir en un estadio o volar sobre una cancha.
Porque si algo ha demostrado este tipo de programas es que el talento no entiende de muros ni de rejas; cuando la creatividad se enciende, encuentra salida.

En Matamoros, cuentan que el taller se volvió un pequeño laboratorio de imaginación. Entre risas, música bajita, surgieron diseños que mezclan balones con alas, porteros mitad jaguar, mitad dragón, y hasta un defensa con cuerpo de serpiente emplumada.
En Altamira, el ambiente no fue distinto: colores por todos lados, manos concentradas y esa chispa competitiva que aparece cuando sabes que tu obra puede llegar a una vitrina nacional.
Más allá del concurso —que ya de por sí es un escaparate enorme—, lo valioso es lo que ocurre dentro de los CEDES.
Reconstrucción, disciplina, autoestima, trabajo en equipoy libertad de la imaginación.
Los alebrijes se vuelven pretexto para algo más grande: demostrar que la reinserción social también puede ser creativa, digna y profundamente humana.
Y claro, hay un orgullo adicional. Porque si uno de estos alebrijes termina representando a México en una exposición nacional o internacional, no solo será un triunfo para los CEDES.
Será un recordatorio de que Tamaulipas también sabe contar historias de esperanza, de talento y de segundas oportunidades.
Así que, mientras el país se prepara para la fiebre mundialista, acá en el norte ya tenemos a nuestros primeros seleccionados.
C riaturas fantásticas nacidas entre pinceles y voluntades. Y quién sabe… quizá el próximo campeón no salga de una cancha, sino de un taller donde alguien decidió creer que podía crear algo hermoso.
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