EL FRANCOTIRADOR
Por Óscar Jiménez Núñez
Solemos hablar de educación como si fuera un asunto exclusivo de aulas, pizarrones y programas académicos.

Pero, de vez en cuando, conviene mirar hacia otro lado del patio escolar, mirar a las canchas, los gimnasios, las pistas, los espacios donde niñas, niños y jóvenes aprenden cosas que no siempre caben en un cuaderno.
Esa es la otra cara de la educación y ahí es donde el gobierno de Américo Villarreal Anaya ha estado moviendo para bien las cosas.

En los últimos años, la apuesta por infraestructura deportiva se ha convertido en una especie de política educativa paralela.
No aparece siempre en los discursos más solemnes, pero sí en las colonias, en los municipios y en las escuelas donde las canchas recién rehabilitadas se llenan de vida.
Les digo que la educación no solo ocurre en los salones.
También sucede cuando un adolescente aprende a trabajar en equipo, cuando una niña descubre que puede correr más rápido de lo que creía, cuando un grupo de estudiantes organiza un torneo y termina fortaleciendo la convivencia escolar.
Por eso, tener infraestructura deportiva funcional en Tamaulipas es, en realidad, fortalecer la educación.
En nuchas escuelas del estado (desde la frontera pasando por el altiplano y llegando hasta la ona conurbada del sur del estado), las rehabilitaciones han permitido que actividades que antes se improvisaban en terrenos irregulares ahora se realicen en espacios seguros.
Y eso tiene efectos directos ellos educands porque hay más participación, más motivación, más comunidad.
Quiero decir que la inversión en infraestructura deportiva también manda un mensaje que a veces pasa inadvertido, ese es que el gobierno está mirando a las juventudes no solo como estudiantes, sino como personas con necesidades físicas, emocionales y sociales.
Un gimnasio renovado, una cancha iluminada o una pista de atletismo no son solo obras, son señales de que el entorno importa.
Además, en un estado donde la convivencia y la cohesión social son temas recurrentes, el deporte funciona como un puente.
Une barrios, escuelas, familias. Y cuando ese puente está bien construido, la educación se fortalece sin necesidad de discursos grandilocuentes.
Claro, falta camino por recorrer. Tamaulipas es grande y diverso, y no todas las comunidades tienen el mismo acceso a espacios deportivos. Pero el avance es visible, y sobre todo, útil.
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