EL FRANCOTIRADOR
Por Óscar Jiménez Núñez
Las lluvias fuertes que recientemente cayeron de golpe en Tamaulipas volvieron a poner sobre la mesa algo que ya todos sabemos pero que de pronto se nos olvida.

Y me estoy refiriendo a la fragilidad con la que viven miles de familias en algunas de las ciudades de esta entidad.
Y es que cuando el clima se pone pesado en algunas localidades, sobre todo en la zona sur de Tamaulipas, la infraestructura hidráulica no ayuda nada, porque los gobiernos anteriores del PRI y del PAN, pero también los de hoy en día que son de Morena se han visto ineficientes.
Porque no hicieron falta muchas horas de agua para que varias calles en Tampico, Madero y Altamira terminaran convertidas en lagunas.
Y los ciudadanos vieron su vida diaria conplicarse.
Vaya pues, la estampa fue la de siempre, con carros atrapados, tráfico a vuelta de rueda por las calles anegadas y la gente ingeniándoselas para llegar a sus trabajos o a la escuela a tiempo y sin terminar empapadas.
Y sí, quedó claro, otra vez, que al drenaje pluvial de la zona sur sobre todo, le cuesta bastante trabajo funcionar con eficiencia cuando las nubes se dejan venir con todo.
Pero si algo hay que reconocerle al reciente aguacero es que llegó justo a tiempo para darle un respiro al campo y a nuestras presas.
Después de meses viendo cómo la presa Vicente Guerrero, en el centro de la entidad, y otros embalses en Tamaulipas perdían nivel y nos preocupaban a todos, ahora, ver que el agua regresa y los niveles suben, nos hacen recuperar la tranquilidad.
Al final de cuentas, la tormenta nos dejó dos lecciones claras.
Por un lado, la urgente tarea de mejorar la infraestructura hidráulica de la zona conurbada de Tampico, Madero y Altamira, y tal vez darles un balón de orejas a los alcaldes, para que la ciudadanía no sufra cada que llueva.
Y por el otro, el alivio enorme de saber que la crisis del agua le da un respiro a nuestro estado.
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